Usos y características del cojín de lactancia

Actualizado: 7 jun

Una de las novedades que puede generarte más dudas en el posparto, es la alimentación del bebé: lactancia materna, leche artificial, mixta… horarios, cantidades… cuándo, dónde, cómo, por qué… la lista de preguntas sobre lactancia puede ser infinita, y a cada madre hay temas que les preocupan más que otros.


En Dana encontrarás guía, acompañamiento y respuesta a muchas de tus dudas en el embarazo y en el posparto gracias a la colaboración de diferentes especialistas en maternidad y puerperio, que te ofrecen su experiencia desde diferentes puntos de vista, y que podrás consultar según tus inquietudes.



Pero hoy, nos gustaría aprovechar este espacio de matrescencia para conversar sobre un accesorio que a ciertas madres les ayuda a disfrutar de los momentos de lactancia de una manera más relajada: el cojín de lactancia.


Si tu bebé está en pleno período de lactancia, seguramente como madre, estés viviendo uno de las etapas más especiales de tu vida, pero también de las más agotadoras. Muchas horas en posiciones incómodas con tomas muy seguidas, pueden que te dejen la espalda adolorida, ¡por no hablar de los brazos!


Como sabemos que, seguramente no te sobra tiempo para ir a un especialista a que te haga un buen y merecido masaje de manera periódica, es muy posible que un cojín de lactancia te ayude a reducir la tensión muscular a la que sometes tu cuerpo en cada toma.


¿Por qué puede ser positivo utilizar el cojín de lactancia?


Normalmente los bebés reclaman estar en brazos para sentir el mismo bienestar que tenían dentro del útero: calor, balanceo, sonido del corazón y de la voz, ritmo de la respiración… especialmente les gustan los brazos de mamá porque ahora también disfrutan de su aroma. Pero esta práctica tan repetida, sobre todo en los primeros meses de posparto y de lactancia, puede llegar a producir dolencias y agotamiento en la madre que resulten limitantes.


Por eso, algunas madres en el posparto recurren al cojín de lactancia para aliviar la sobrecarga muscular en brazos, espaldas y cervicales, ya que si estás sentada, el bebé estará en una posición natural, tal cual como si lo cogieras en brazos, pero con todo su peso recayendo en el cojín.


Además, si tu bebé se duerme después de comer (¡esperemos que así sea!), descansará plácidamente sobre el cojín de lactancia porque seguirá estando junto a ti, sintiendo tu olor, tu respiración e incluso el latir de tu corazón. Mientras tanto, tú evitas la tensión de espalda, cervicales y brazos.


Y si estás esperando gemelos, existen los cojines de lactancia un poco más grandes, para dar la toma en tándem.


Pero no pienses que el cojín es exclusivo para lactancia materna. Si has optado por el biberón o la lactancia mixta, su funcionalidad es la misma, pero con el valor añadido de que entonces el cojín de lactancia será también para tu pareja, familiares y amigos que te ayudan con las tomas.


Otros usos del cojín de lactancia.


Cuando estás en el último trimestre del embarazo es posible que te cueste encontrar una postura cómoda para descansar. Seguramente el bebé se mueve más, la barriga no te deja girar con facilidad, y quizás tienes las piernas cansadas por la retención de líquidos y el peso “extra”.


El cojín de lactancia te permite improvisar varias posturas para encontrar aquella que mejor te sienta:


  • Acostada de lado con el cojín entre las piernas para aliviar dolores en la espalda y caderas.


  • Recostada o semisentada en el cojín para elevarte un poco y descansar lumbares al tiempo que evitas la acidez.


  • Acostada boca arriba con el cojín debajo de las rodillas para descansar lumbares y piernas.


Una vez que tienes a tu bebé en casa, el tiempo del puerperio pasará volando, y en nada y menos tu pequeño levantará la cabeza y tendrá curiosidad por ver todo lo que pasa a su alrededor. Es un buen momento para ponerlo boca abajo con los brazos por encima del cojín de lactancia para ayudarle a reforzar el cuello y espalda, al tiempo que se distrae viendo cómo mamá va de un lado para otro.


Sobre los 6 meses, es posible que tu bebé ya tenga ganas de moverse un poco más y empezar a probar el equilibrio mientras está sentado. Es una etapa divertida de ensayo y error, de balanceos, y de múltiples aterrizajes, y por eso mismo es importante asegurar la zona de pruebas. Utilizar el cojín de lactancia para rodear al bebé puede ser una decisión acertada para evitarte algunos sustos.


Cómo escoger un cojín de lactancia.


Cojines de lactancia hay tantos como bebés, y el mejor cojín es aquel que te haga sentir cómoda y segura a ti.


Pero antes de ir a comprar, te resumimos algunas de las características y variedades que te vas a encontrar en las tiendas, para que pienses cuál responde mejor a tus necesidades, qué cosas son imprescindibles para ti, y qué otras no suponen un problema.


Relleno.

Hay cojines de fibra natural como el algodón (hipoalergénico) y las plumas. Son muy suaves, pero muy delicados para lavar en lavadora. Los rellenos de perlas de poliestireno son los que mejor se adaptan al cuerpo del bebé, pero se deforman con facilidad y son los que menos vida útil tienen.


Los cojines de lactancia con rellenos sintéticos como las fibras de poliéster o la espuma, son los más resistentes y de fácil lavado, pero resultan un poco más duros.


Funda.

Encontrarás cojines de lactancia con fundas hipoalergénicas y de fibras naturales como el algodón, y algunas te resultarán más suaves y agradables al tacto que otras.


Pero lo que debes tener muy en cuenta es que la acción de mamar representa un gran esfuerzo para el bebé, por eso es importante que la funda del cojín de lactancia sea transpirable, para evitar generarle más calor a su cuerpo.


Transporte y almacenaje.

Hay cojines de lactancia muy cómodos y versátiles si no tienes pensado moverlo de la cama. Son de tipo “churro” y miden entre 170 y 180 cm. Son muy pesados y difíciles de manejar a una sola mano cuando en la otra llevas al bebé.


Luego tienes los más comunes en forma de “U”, que son más ligeros, requieren menos espacio para guardarlos en el armario, y son fáciles de llevar debajo del brazo para uno de los paseos más comunes de las mamás en posparto: del sofá a la cama, y de la cama al sofá.


Valorar las diferentes opciones y decidir de antemano lo que mejor responde a tus necesidades, te facilitará el proceso de compra. Pero recuerda, no es más que un accesorio, por lo que no es imprescindible que tengas un cojín de lactancia si consideras que no es el momento, o porque sencillamente sientes que no es para ti.