Soledad en la maternidad

Sentirse sola en la maternidad puede ser muy común. Aun y cuando es un estado en el que suele haber familiares y amigos en el entorno más próximo a la madre, ella puede seguir sintiéndose sola.


Pero ¿por qué?

En el Programa Soledad de Dana, hablamos de soledad sin miedos, sin tabúes, ni prejuicios, porque la soledad es un sentimiento tan importante como la alegría o la tristeza, y cuando estás embarazada o en la etapa de posparto, es posible que en algunos momentos te sientas sola.


Y es que la soledad es un sentimiento que nos advierte de una carencia o de una pérdida. Y más allá de si estás acompañada durante tu embarazo, o de si te sientes bien soportada por tu tribu o tu red de apoyo en el posparto, la soledad puede aparecer porque la matrescencia es una camino de ida, pero sin retorno.


Cada madre se enfrenta a la maternidad desde experiencias distintas, con un pasado, una historia familiar, un entorno social y relacional , el deseo, los valores y creencias así como las vivencias únicas durante la gestación, el parto, y la llegada del bebé.


Todo este recorrido de mujer a madre, y que te ha llevado hasta tener tu bebé, ha configurado el momento en el que estás.


En el tránsito hacia la maternidad, los cambios que se producen son profundos, rápidos y, en su mayoría, incontrolables. Este inicio de una nueva vida hace que tengas que pasar por un duelo de tu otra vida, tu vida anterior a la llegada de tu bebé. Y todo ello, por supuesto, puede producirte este sentimiento de soledad.


La vulnerabilidad es otro estado que puede hacer que las madres se sientan solas, porque hasta que no han tenido que dedicarse por completo al cuidado del bebé, no se han dado cuenta de lo mucho que necesitan de otras personas para que las cuiden y las asistan a ellas. Y este sentimiento puede ser mucho más profundo cuando recibe menos de lo que ella espera o necesita.


Porque la soledad no tiene sólo que ver con lo que los demás pueden ofrecerte para acompañarte durante la matrescencia, si no también con lo que tú esperas de ellos en esta etapa vital.


Otro desencadenante emocional muy común que trabajamos en el Programa Soledad, es que las madres ya no se sienten “sintonizadas” con las personas con las que antes se relacionaban. Los círculos sociales tienen dinámicas particulares que no siempre se adaptan a la participación de una embarazada, o a la integración de un nuevo ser, como un bebé, con necesidades tan particulares y exigentes.


El no poder interactuar con tu círculo de amistades de la forma en la que lo hacías antes de ser madre, puede que te haga sentir que no encajas, embargándote ese sentimiento de soledad. Pero sé paciente contigo. Al convertirte en madre es muy probable que tus intereses hayan cambiado, al menos durante un tiempo: estás descubriendo un nuevo mundo, te estás descubriendo a ti misma en tu nuevo rol y estás empezando una relación muy intensa con tu bebé.


Sé amable contigo y cuídate dando prioridad a entender tus emociones. Esto favorecerá a que expreses más claramente qué necesitas o qué querrías compartir, enriqueciendo así tus relaciones sociales.


Y recuerda:

No es lo mismo estar sola, que sentirse sola.


En cualquier caso, si detectas que esa sensación de soledad te está afectando en tu día a día, como si realmente sientes que no tienes red de apoyo y estás sola, te invitamos a que te descargues la aplicación gratuita de Dana para que cuentes con más recursos que te ayuden a transitar en calma y equilibrio por esta etapa de matrescencia, y con toda la Tribu de madres que te darán cobijo.


Con algunas de las prácticas que te proponemos en el Programa Soledad puedes mejorar la conexión contigo misma para sentirte cómoda dedicándote toda tu atención como madre, y expresando a los demás cómo te sientes y qué necesitas.


Y para empezar a acompañarte, te compartimos este escrito de Isabel de Navasqüés, “Me siento sola”:


Al quedarme embarazada “descubrí” que en eso estaba yo sola… ¡qué chorrada!, ¿verdad? Todos sabemos que somos las mujeres las que gestan, pues a mí la realidad biológica me pegó un sardinazo en la cara, la experiencia en vez de resultarme única y exclusiva me pareció tremendamente cruel porque fue el primer indicio que me alertó sobre el camino que me iba a tocar, por mucho que digan, andar sola.


Me he sentido tan indignada por la injusticia de la desigualdad biológica, tan enfadada por tener que pasar por esto yo sola, tristísima cuando me he visto obligada a abandonar mis costumbres y apetencias, furiosa por el consenso social que asume que eso “es lo que te toca”, tanto que un día me puse a juntar todos los papelajos sobre los que me había ido desahogando y me dio para escribir un libro.


Y este libro sobre la maternidad se lo dedico “…a todas las madres porque, en el fondo, todas somos madres solteras…”


Una comunidad de madres y de expertos en matrescencia te esperan en Dana para continuar juntos el camino. No estás sola.