La importancia de la lactancia más allá de la alimentación

Actualizado: 8 jun

Tanto si amamantas a tu bebé como si le das biberón, la lactancia es mucho más que una necesidad fisiológica, ni mucho menos es una rutina de comida.


Cuando alimentas a tu bebé, estás alimentando también su cerebro, su autoestima, y la seguridad en si mismo y en su entorno. Y es que aprovechar los momentos de lactancia para mirar a tu bebé, tocarle, y hablarle, es un alimento afectivo tan importante como el fisiológico.


Lactancia como alimento afectivo.

El bebé reconoce a su madre por su olor, su voz, y sus brazos que le ofrecen el bienestar y la seguridad necesaria para empezar a construir relaciones emocionales sanas. La madre es su conexión con el mundo y a través de ella conoce, comprende, y almacena todo lo que ocurre a su alrededor, incluso desde el embarazo.


Cuando un bebé está en el pecho de su madre y siente su piel y el latido de su corazón, regula la temperatura corporal y calma miedos e inseguridades. Este momento de sosiego y placer, que suele coincidir con la lactancia, es perfecto para que la madre le acaricie; a través de este sencillo gesto, el bebé poco a poco tendrá conciencia de su propio cuerpo, y por tanto, de su definición como individuo.


Aquí comienza un largo camino de observación y aprendizaje, donde cada uno empieza a aprender del otro a través de la observación, el olfato, el tacto, los sabores, los sonidos de la voz y por supuesto, el amor.


Los momentos de lactancia, ya sea al pecho o tomando un biberón, son una oportunidad excepcional para fortalecer este vínculo, ya que madre e hijo comparten instantes de mucha intimidad, tranquilos, en contacto, y con presencia.

Y es así como empieza a forjarse un adulto sano, en la cuna de estas relaciones. Por eso, la relación de madre-bebé debe ser satisfactoria, respetuosa, placentera, rítmica, específica y cambiante.


Pero en una etapa vital de la mujer como es el posparto, donde es probable que hayan largos periodos de cansancio, soledad, estrés… la lactancia puede resultar agotadora e incluso, poco deseada.


Por eso, es necesario que la madre se “enamore” de su bebé; solo así podrá responder a todas esas necesidades y demandas continuadas.


Pero, ¿cómo surge ese enamoramiento?


Las emociones y las hormonas, en la lactancia.

Amamantar produce una hormona llamada oxitocina. Se le conoce también como la hormona del amor, ya que se produce en momentos de placer y refuerza la complicidad, el afecto y la confianza. Es decir, promueve el "enamoramiento", ya sea hacia el bebé, o hacia otra persona.


A nivel físico, la oxitocina actúa sobre el útero favoreciendo las contracciones, tanto en el parto como en las relaciones sexuales. Por eso, no es poco habitual que la madre experimente un orgasmo mientras da de mamar al bebé. Esto no es nada “impuro” ni mucho menos malo; simplemente es que el cuerpo, la mente, las emociones y la maternidad, están en perfecta sintonía.


Si la madre opta por la lactancia con biberón no quiere decir que no haya oxitocina, ni por tanto, falta de enamoramiento. Como hemos dicho, la oxitocina favorece las contracciones, así que el cuerpo de la madre ya viene dotado desde el embarazo con una buena carga de esta hormona para facilitar el vínculo madre-bebé.


Si bien es cierto que la lactancia con pecho favorece la segregación de oxitocina, también hay otras cosas que son fuente inagotable de la hormona del amor:


  • Todas la actividades que generen placer y reduzcan el estrés: una charla distendida con amigos, un masaje en los pies, una larga y relajante ducha, reír, dar abrazos, meditar, acariciar a la mascota…

  • Favorecer la relajación y sensación de bienestar en un entorno seguro y amable, sin ruidos y con luz tenue.

  • Sentirse apoyada emocionalmente por la pareja y seres queridos.

  • Y por supuesto, estar largos ratos piel con piel con tu bebé, acariciarlo, olerlo, cantarle, bailar con él en brazos, jugar…


Pero no todo en la lactancia es siempre felicidad.


La exigencia constante de la adaptación a los cambios, la carga emocional que suponen los llantos, la falta de descanso, así como la pesada responsabilidad de cuidar de una nueva vida, entre otros, son factores que favorecen a la aparición de estados de “bajonazo”.


Todo esto, sumado al baile hormonal precedido en el embarazo, más la cascada hormonal del puerperio inmediato, que incluye entre otros a los estrógenos y a la progesterona, hace que la lactancia sea uno de los períodos más intensos -a nivel físico y emocional- así como exigentes, de la matrescencia.


Como ves, la lactancia va mucho más allá de la alimentación. Es un acto de amor donde madre e hijo estrechan lazos y construyen una historia juntos. Si en algún momento te resulta molesto o poco gratificante amamantar a tu bebé, o darle el biberón, es importante que te apoyes en tu tribu, o en algún especialista para encontrar aquello que te está molestando y que no te permite transitar en calma por esta valiosa etapa.


Si quieres profundizar más y vivir plenamente la lactancia, te invitamos a que entres en la app de Dana para que disfrutes de recursos que te acompañarán en momentos de dificultad, de equilibrio y de celebración.


Como regalo, te dejamos esta meditación guiada para que conectes con tu bebé “de dentro hacia fuera” en un momento de lactancia plácida.


¡Deseamos que lo disfrutes!






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